Palabras que ruedan, como rodamos nosotros...





Historia de transeúntes sin cabeza

Es difícil convivir con la locura

del mundo, atraviesa las rendijas

de las horas, embebe nuestras vidas.

Demencia globalizada...

dosis de indiferencia en comprimidos,

para mediáticas miserias: mediáticos olvidos,

sobredosis de insustanciales imágenes.

Así duermo, así vivo...

Y las pantallas nos reciben al llegar,

nos arrullan, en trasnoche arropan y sin más

nos entregamos, seres decapitados.


Sólo nos ve la luna

marchar descabezados,

ella tan dulce como muda,

observa sin azorarse.


Debajo la multitud gana las calles.




Círculos

Todo rueda:

las hojas que se caen,

grises las aceras,

rotan los bostezos

en un mar de indecisiones,

los sentimientos

se agitan, entrecruzan, evaporan,

la vida gira

y vivir es este rodar por ella

sin alternativa.





Edward Hopper













Tanto ha sido dicho... pero no puedo callar...


















Todo el respeto...
todo el dolor...
revivimos la orfandad...



Mercedes Gracias.







Palabras sin voz... por vos


Tu muerte como otras, pocas, es razón

indeclinable para inventar un cielo,

(poco importa lo que en realidad creo).

La orfandad nos deja ese, su sabor,

amarga la tarde, te llora el alma,

hueco vivo, dulce e hiriente llaga,

en vos tantos invisibles se acallan.

Un cielo como ilógica persistencia,

un cielo, un ruego... muerte que doblega.

Mi mente abarca una visión cotidiana,

no hay resquicio, indicio, simple raja,

y el alma vaga como desconsolada.

Un cielo para Mercedes, excavemos la nada...



5-10-09.




Aires tibios, es hora de airear el alma...





Primera tarde cálida


Hoy entra el afuera irrespetuoso,

la calle habla o brama, el cielo es esbozo,

es una materia sin límite,

entra desde el vano o sale del cuarto,

confusión del adentro y el afuera.

El sol hace valer su presencia,

aires tibios, antebrazos descubiertos,

monitoreándolos: piel y tacto.

La vida recita sus voces de siempre,

ocurre que hoy nos roza, nos estremece.



Era un cielo


El paisaje estaba para compartirlo,

era uno de esos cielos inciertos

que transita entre matices, me corrijo,

que susurra las certeza de la noche.

Pudimos ofrecernos poco, pero mejor diré

eso escaso era demasiado. Simple ser

ojos para ir a miradas desde los tuyos

al collage de infinito y ramas. Sumo

espacio y su tibieza, silencio y tu abrazo.

Comprendí es un breve minuto memorable,

no hay papel, film, palabra, no cabe

sino en la mente, en eso llamado alma,

ella lo agrandará o lo ajará a desgaste,

lo molerá en olvidos, será tan nada

como alguna vez nosotros. Mejor besarnos,

bebernos, devorarnos junto con la noche,

manos, piel y el ahora sin memoria, tan errante,

ser con la noche este ahora inmemorable.




Sandro Botticelli

Gracias de la Primavera