Palabras para vivir, no, para simplemente sobrevivir...






Mundo perro



Cuando, tan intolerante

reconozco, me harta

la gente sigo sus miradas,

se sienten sus simples visiones

a ras de los ojos sinceros.

No hay dobles palabras

ni lenguajes ambiguos,

la cola aliada es buen aviso.

Cuando, cada vez más seguido,

me cansan competitivos humanos,

bípedos, posesivos, insanos,

Camino veredas, respiro calmo;

en algún cruce fugaz mi palmada

encontrará su simple estampa,

y la vida se tornará más clara

siguiendo un andar de cuatro patas.








Placer visual



Miro ese objeto, su forma, sus colores,

mis ojos lo recrean, lo absorben,

él displicente entrega su belleza.

La hora cambió su medida, su terca

forma de contener a la tarde,

ella es grato encuentro, en él caben

la forma acariciada por mis ojos,

las líneas distendidas de mi rostro,

todo está entre la mirada y él,

un objeto simple, terso, bajo la luz es:

lo que equilibra al universo en el cuarto.

Mis ojos no se rinden, siguen mirándolo.







Mi rumor te llama, se ahueca el aire.





Inoculados


Huellas, anticuerpos necesito

contra las huellas, rescato

las marcas de sus rastros,

los retazos desdibujados,

los papeles en los cajones,

como acumular amadas

contraseñas de la vida y nada

nos lastime, nada nos bendiga,

que todo sea el dulce sueño de vivir.

Necesito urgente una droga

para narcotizar la simple memoria,

para suavizar esto que quiero

y amo y quema felizmente,

quema el alma y desde dentro

nos toma al asalto, tan inocentes.




Filo

(a Guille)


Orillo el instante, la hora,

que hay detrás de ellos, de nosotros,

filo del aquí, de este ahora,

con sigilo mido luz, sombras,

bebo de tu recuerdo y te extraño.

Podrás reconocerme, voz cortando

el cristal, esta invisible noción de vos.

Quererte a través de la muerte, dolor,

dulce sabor, dulce amor, herida que late,

mi rumor te llama, se ahueca el aire.










El árbol de la vida
Gustav Klimt

Ciudad con orilla escondida...





Ciudad desposeída


Ciudad a filo de un río,

tan desposeída de él,

esta tristeza nos invade, tal vez

una entre tanto que se nos ha negado,

no ver tu horizonte en calma,

su marrón nevado a garúa,

ahogado a sol, breve espuma

contorneando formas y orilla.

Ciudad golpeada, acá estamos

también rasgados de engaños

y aún creyéndonos invencibles,

crédulos, tristemente crédulos,

el río nos acuna y nos espera,

es quien canta a la tristeza,

las resecas historias se desahogan,

deshojan ,desmigan, se desfloran.

Ciudad, dolor y río: ¿cuándo

renaceremos de este ahora?.












Calles porteñas


El sol se posó en las ramas

transfigurado en verde nuevo,

la calle es ondulante mancha,

disfraza miserias y casi el alma

cree estar alegre, lucir lavada,

abierta a los cotidianos sueños.


Vientos en verde, en marea alta,

abajo anochece los cartoneros, pasan.