Busco al que fuiste ...

















Hambre (a Guille)

A veces siento esto
que es como tener hambre,
hambre simple de verte,
descascarar la muerte,
o diré quebrar la vida,
encontrarte como entones,
busco al que fuiste,
que me veas como quien fui,
vulnerabilidad, simple ir
ignorando los bordes,
los desfiladeros, la caída.
Todo será en vano:
gritar tu nombre, armar sombra
y figura tuya sobre las cosas,
pobre nuestro día a día.
Me resta imaginar tu bigote,
unos ojos que por amados
y tan amados miden doble,
crear voz en este espacio,
mentirme que aún estás.
Duro mar de la realidad,
aquí estamos jugando
sin redes y sin ningún respiro,
aferrados a lo que vivimos.
Dulce dolor, hambre de vos,
la hora se cala de ausencia,
poco tenemos, la vida sin huellas.
Mirar los hijos, tus nietos,
sentir al sol, eso se celebra.




Contusos

Este instante se llena
de otros que ya vivimos,
de otros que están en espera,
¿cómo cabe todo tanto?,
no hay real respuesta.
El ahora muta y ya es otro,
la vida se exime de nosotros,
nos aferramos a ella
confusos, contusos, contrariados,
así seguimos girando.



Obras de Yayoi Kusama










Cielos dilatados, la ciudad tangible...





Puente ferroviario (Parral)

Subir peldaños y a la vez espiar,
el mundo se exhibe entre franjas,
la ciudad tajeada a estructura de metal,
se tamiza la luz, la piso, sobre cuadrícula
de sombras desafiantes mis pasos,
me instalo a ver el tren que pasa debajo,
tres deseos, (si él pasa se cumplen).
Se filtra el pasado y ya somos cuatro
buscando en la distancia, líneas
que se fugan, no seguirlas imposible,
hay cielos dilatados, la ciudad tangible,
la hora deletreada a nubes, a sonidos.
Esto es un simple tránsito, un camino,
me regresa a lejanas tardes de domingo,
a siluetas fusionadas, hilos afectivos
que tejen sensaciones vivas. Y los colores,
regalos de la luz, ofrenda de retinas.
Y la vida nos roza, nos porta, nos convoca...
en todas sus mágicas, controvertidas formas.
Cruzo, a cada lado, los seres reclaman su ahora.




















Como dos perros


Nos hablamos sin lenguaje,
en la confusión de objetos y colores,
allí, tus susurrantes ojos marrones.
Mi sonrisa te solicitó el permiso,
el movimiento del rabo me dijo
espero en especial esa, tu palmada.
Mientras te mimo y te acaricio
soy yo la que se siente acariciada.
Es un secreto a gritos, ambiguo
el que se construye desde mis manos,
desde tu lánguida mirada.
Nos bordea esta calle apresurada,
poco importa, valorizados ya vamos
por la interminable acera de pasos,
somos nada en un infinito de tanto.

Y tus ojos navegan por los míos,
y nos sentimos tan mínimos,
tan exclusivamente mínimos.

Gentileza:
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Música: Gentileza Cuarteto Armando Gresca